Ella sabía de mirar con ternura,
De mañanas lentas y días eternos,
De caos en ese preciso momento,
De sentir libre alzada al viento.
Con tormentas que a su lado son bonitas,
Con esa mirada que intimida,
Como si te desvelase el alma en ella,
Sabiendo de sus profundidades eternas.
Hasta en un día gris salía el sol,
Siempre que fuera a su lado,
Porque escribirse a uno mismo no es raro,
Debería ser práctica continua.
Yo, entre mis semblante difuso,
En un día cálido o nublado,
Compañía de mi agrado,
Descubriendo no ser un iluso.
Batallando por lo que se quiso,
Inspiración en un día no visto,
Volver a brillar incluso en este valle,
Donde todo parece impreciso.
Cavilante arrolladora a su paso,
Enroscando la felicidad en un paso,
Repetición de inspiración en la que no me basto,
Para escribirme todos los poemas.
Dedicados a la versión de mi más plena,
Te quiero hacer ver la luna llena,
Donde todo parece más ligero a tu vera,
Tú alegría es la más certera.